
La fragilidad del litoral valenciano y la necesidad de mantener las playas en óptimas condiciones para seguir atrayendo el turismo. Un reto de todas las administraciones.
Las playas del sur de València tras los coletazos del último temporal han devaluado la flamante regeneración llevada a cabo por el Ministerio de Transición Ecológica, a través de la Dirección General de Costas y Medio Marino. Una actuación ejecutada a finales de 2023. Han sido 30 millones de euros los invertidos por el estado en las playas al sur de la capital (Pinedo y Saler), buscado que se parecieran a las del norte: Arenas, Malva-rosa y Patacona. En principio se consiguió un aspecto similar, con casi doscientos metros de anchura, pero no era un plan sin fisuras, a pesar de sus bondades tenía alguna grieta. El Mediterráneo es pequeño pero matón.
De los aspectos positivos de la actuación: la brutal aportación de arena al sur del Puerto de València para reforzar la restinga de la Albufera. Muy bien traída desde el banco de arena de Cullera, extraída a cien metros de profundidad. Un dragado concienzudo para que no tuviera un impacto negativo en el sistema. Esa fina arena se acumuló a una distancia más que prudencial de la orilla para establecer un cordón dunar, en el que se plantaron especies herbáceas con ánimo de fijar el suelo. De poco sirvió, el 26 de diciembre el oleaje penetró con tal furia en tierra que el agua llegó en algunos puntos hasta el asfalto.
En algunos foros se habla de falta de coordinación, y de la necesidad de que todos pongan su granito de arena en esa playa, y de paso en todo el litoral. Explicar qué está pasando realmente, con base científica, es complejo en estos tiempos. Para ello hemos contado con dos expertos, ambos son catedráticos de la UPV: Josep Pardo, Director del grupo de investigación Geoambiental y Teledetección, y catedrático de cartografía; y José Serra, catedrático de Ingeniería de Costas. Las necesidades y conclusiones de sus trabajos son como dos ríos que inevitablemente desembocan en el mar.
El litoral valenciano en su conjunto está sufriendo un deterioro importante por varios factores: en primer lugar, el déficit de sedimentos. Si el agua de los ríos Turia y Xúquer no llega al mar, no hay transporte de arena hacia el sistema costero, se queda rio arriba, en los pantanos y azuds. Unas inundaciones como las ocasionadas por la DANA del 29 de octubre de 2024, traen enormes cantidades de sedimentos pero también cosas peores.
Otro factor importante son los fenómenos atmosféricos: el incremento de la magnitud del oleaje y una mayor frecuencia en los temporales. Tampoco podemos olvidar las barreras naturales construidas por el hombre, que cortan la circulación de los sedimentos: puertos, espigones, paseos, urbanizaciones. La acción del oleaje junto a la corriente dominante en el litoral valenciano, que es de norte a sur, provoca acumulaciones al norte de las barreras y erosión al sur. En relación con el impacto del Puerto de València, aseguran que el mal está hecho desde mucho antes de la controvertida ampliación. Es algo con lo que debemos que convivir.
No hay que olvidar la necesidad de traer de forma constante arena al sistema, al no tener aportaciones de los ríos, venga de donde venga será bien recibida. La arena removida y retirada por el último temporal en Pinedo y el Saler se ha desplazado a otras partes del sistema, concretamente a la parte sumergida más próxima a la playa, que estaba muy desequilibrada todavía, el resto ha migrado hacia playas más al sur, Perellonet, Sueca, Cullera.
La pregunta del millón, ¿es asumible el coste de regeneración constante de nuestras playas?
Mientras dependamos del sector turístico sí, pero se ha de vigilar la relación coste-beneficio, porque puede que en algún momento ya no sea rentable.
Lo que demandan los expertos a la administración es una mayor coordinación en las actuaciones. Dicen, que si todo lo gastado hasta el momento en alimentaciones artificiales de playas; peticiones de espigones por ayuntamientos para salvar su tramo de playa sin pensar en el vecino. Si sumáramos todo ese dinero y lo hubiéramos gestionado de forma coherente con espíritu global, el problema estaría solucionado desde hace años, incluido el pago de expropiaciones a los propietarios de primera linea. Digamos que se ha tirado el dinero al mar sin mucho sentido.
Las medidas deberían centrarse en regenerar playas, gestionar el territorio de costa de forma racional, siendo conscientes del futuro que avanzan los modelos. Y algo muy importante: dunas, dunas y más dunas, porque son los mejores sistemas de defensa de la costa. Quizás valorar adoptar el modelo de Cataluña: no reconstruir el paseo marítimo que destroce un temporal, y convertirlo en un sistema dunar. Sin olvidar otra importante línea de defensa, la colocación de arrecifes artificiales a baja profundidad para reducir la fuerza del oleaje.
El ministerio ha anunciado 42 millones y medio más para regenerar otras playas del litoral valenciano. La actuación aportará tres millones de metros cúbicos de arena a las playas de Sagunto, Canet d’En Berenguer, Sueca y Cullera.
Para finalizar una petición:
A quien corresponda: En la V-21 (Carretera de Barcelona) sentido Puçol, unos 500 metros después de pasar Port Saplaya, término de Meliana. Los días de temporal saltan olas y a veces piedras de la escollera a la carretera. Cuando las condiciones meteorológicas son adversas, ese tramo se convierte en uno de los más peligrosos de la red viaria nacional.



Comentarios recientes